Las circunstancias, los problemas, las enfermedades, las preocupaciones y los quehaceres de la vida, tienen como objetivo alejarnos del propósito de Dios. Con astucia el enemigo hace lo que está a su alcance: te engaña, te confunde, te distrae, para que dejes de mirar tu meta como hombre o mujer, como esposo o esposa, como hijo o hija y como siervo o sierva de Dios. Si fijas tu mirada en todo lo que ocurre a tu alrededor, logrará alejarte de las bendiciones que Dios tiene para tu vida.

Existen circunstancias en nuestras vidas que Dios permite que sucedan para que cada uno de nosotros estemos atentos a oír Su voz. Usualmente escuchamos en el bus o en la calle a algunas personas, hermanos cristianos o a través de la radio, decir; “Sonríe Cristo Te Ama”, “Dios estará contigo”, “Dios te Bendiga”, quizás prestamos atención a esas palabras quizás no; todo va a depender de cómo se encuentra nuestro estado de ánimo en ese momento.

Como seres humanos, cada día estamos expuestos a circunstancias en nuestras vidas que pueden marcarnos, bien sea, de forma positiva o negativa, dependiendo de cómo las enfrentamos y de en quién estamos confiando, si en nuestras propias fuerzas, en nuestro intelecto, en nuestros recursos, en nuestro parecer o si por el contrario, confiamos en DIOS, nuestro amado PADRE, quien tiene cuidado de nosotros y que desea ayudarnos y socorrernos en nuestra necesidad, él quiere hacerlo, él quiere obrar a favor nuestro, pero ¿qué hace que Dios obre a nuestro favor? Hoy quiero mostrarte tres pasos sencillos para que Dios obre en tu vida y en la mía.

Cada día podemos enfrentarnos con circunstancia diferentes, ya sea con nuestra familia, en nuestro trabajo, en los estudios, inclusive con nosotros mismo (el ego), siendo esto parte de un problema. En otras ocasiones el problema puede verse reflejado en nuestra economía, en nuestro carácter o en la manera de pensar.

Actualmente vivimos en un mundo lleno de exigencias que una mujer debe cumplir en todos los ámbitos de su vida: en el hogar, en el trabajo y en la sociedad en general. Es bastante frecuente que, al tener tantas responsabilidades sobre nuestros hombros, nos sintamos agobiadas pues consideramos que el tiempo no nos alcanza, o terminamos tan agotadas que descuidamos algunos aspectos esenciales en nuestras vidas.

Lo primero que Dios puso en mi corazón antes de entender lo que significaba el servicio fue el hecho de comprender en el espíritu un fundamento básico: que todo trabajo por humilde, sencillo o insignificante que parezca, es un privilegio ante los ojos de Dios y que la humildad al servir, lejos de quitarte tu dignidad y rebajarte; más bien, te engrandece. Por lo tanto, resulta gratificante saber que con nuestro servicio agradamos al Señor.

Las excusas son argumentos terribles, y en la mayoría de los casos nos sirven de justificativo para asumir nuestra conducta negligente. Nos justificamos y excusamos cuando no cumplimos con nuestras obligaciones, nuestras responsabilidades, en fin, lo que se nos ha encomendado y si hay un ámbito de nuestra vida que no escapa de las excusas, es precisamente el espiritual ¿Cuántas excusas tenemos para compartir la Palabra, para servir a Dios?.