Es lamentable escuchar día tras día a través de los medios de comunicación, y a nivel mundial, noticias sobre maltratos entre miembros de una misma familia: esposos que causan daño a sus esposas, padres que se tornan en contra de sus hijos, hijos que son irrespetuosos y rebeldes con sus padres e inclusive manifiestan violencia con ellos. Somos testigos también de la desintegración familiar, que trae como consecuencia hogares donde abunda la ira, las contiendas y la amargura. Al pensar en todo lo que acontece en el mundo, uno no puede dejar de preguntarse, ¿Por qué pasan estas cosas? O inclusive es posible que tú que estás leyendo este artículo te sientas identificado y te digas ti mismo: ¡Así es mi familia! o ¡Eso es exactamente lo que pasa en mi casa! Entonces presta atención que la siguiente reflexión es para ti y para mí.

Actualmente vivimos en un mundo lleno de exigencias que una mujer debe cumplir en todos los ámbitos de su vida: en el hogar, en el trabajo y en la sociedad en general. Es bastante frecuente que, al tener tantas responsabilidades sobre nuestros hombros, nos sintamos agobiadas pues consideramos que el tiempo no nos alcanza, o terminamos tan agotadas que descuidamos algunos aspectos esenciales en nuestras vidas.