Las circunstancias, los problemas, las enfermedades, las preocupaciones y los quehaceres de la vida, tienen como objetivo alejarnos del propósito de Dios. Con astucia el enemigo hace lo que está a su alcance: te engaña, te confunde, te distrae, para que dejes de mirar tu meta como hombre o mujer, como esposo o esposa, como hijo o hija y como siervo o sierva de Dios. Si fijas tu mirada en todo lo que ocurre a tu alrededor, logrará alejarte de las bendiciones que Dios tiene para tu vida.

Como seres humanos, cada día estamos expuestos a circunstancias en nuestras vidas que pueden marcarnos, bien sea, de forma positiva o negativa, dependiendo de cómo las enfrentamos y de en quién estamos confiando, si en nuestras propias fuerzas, en nuestro intelecto, en nuestros recursos, en nuestro parecer o si por el contrario, confiamos en DIOS, nuestro amado PADRE, quien tiene cuidado de nosotros y que desea ayudarnos y socorrernos en nuestra necesidad, él quiere hacerlo, él quiere obrar a favor nuestro, pero ¿qué hace que Dios obre a nuestro favor? Hoy quiero mostrarte tres pasos sencillos para que Dios obre en tu vida y en la mía.

Jesús habla a través del apóstol Juan a la iglesia de Éfeso, y dice así:

"Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido"

Apocalipsis 2:2-5

Lo primero que Dios puso en mi corazón antes de entender lo que significaba el servicio fue el hecho de comprender en el espíritu un fundamento básico: que todo trabajo por humilde, sencillo o insignificante que parezca, es un privilegio ante los ojos de Dios y que la humildad al servir, lejos de quitarte tu dignidad y rebajarte; más bien, te engrandece. Por lo tanto, resulta gratificante saber que con nuestro servicio agradamos al Señor.